18/11/2010
Las personas con discapacidad intelectual tienen derecho a tener un lugar para vivir, libremente elegido, y al que puedan llamar hogar. Así lo expresó Diego Landa, miembro de la Junta Directiva de la Federación de Organizaciones en favor de personas con discapacidad intelectual (FEAPS Madrid), en la inauguración de las primeras I Jornadas de Vivienda. Estas jornadas, las primeras que se celebran para profesionales de los servicios de vivienda de personas con discapacidad intelectual, se celebraron en los salones de la Fundación Aprocor, cuyo presidente, Ramón Corral destacó la importancia de desarrollar acciones que permitan convertir en realidad el Artículo 19 de la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, que se refiere a que éstas puedan tener la oportunidad de elegir su lugar de residencia y dónde y con quién quieren vivir. La ponencia central corrió a cargo de Berta González, Directora Técnica de Fundación Aprocor, que planteó la necesidad de iniciar un camino en el que los diferentes entornos de vivienda respeten los intereses individuales de las personas con discapacidad intelectual. En ese camino, afirmó González, parece fundamental hacer posible el derecho de las personas con discapacidad intelectual a definir y diseñar cómo quieren que sea su vida, con quién la quieren compartir, cuál es su vocación… para que puedan hacer realidad su proyecto de calidad de vida. Durante las jornada, se puso de manifiesto la necesidad de que el cambio de paradigma de la discapacidad intelectual provoque que los servicios de vivienda no sean servicios de sustitución al hogar familiar primario, sino verdaderos hogares, entendiendo que la “vivienda es parte del hogar pero el hogar es mucho más que la vivienda”. En la mesa redonda celebrada a continuación participó un grupo de personas con discapacidad que expusieron su experiencia personal como usuarios de diferentes formas de vivienda, los tipo de apoyos han necesitado y dónde y cómo les gustaría vivir. A través de sus testimonios se ha evidenciado el hecho de que las personas con discapacidad intelectual tienen claro cómo, dónde y con quién quieren vivir, y que con los apoyos y las oportunidades adecuadas del entorno, pueden llegar a hacer realidad sus propios proyectos de vida: “Yo he dado el primer paso y sé que vale la pena”; “Esta es mi vida” o “He arriesgado por mi” han sido algunas de sus palabras en relación los primeros pasos para la construcción de sus planes de vida.